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San Juan de la Peña

A-1603 Jaca (Huesca)


Una enorme roca abraza el monasterio de San Juan de la Peña que, según la leyenda, custodió el Santo Grial.

Parada del peregrino a Santiago, panteón de los Reyes de Aragón, cenobio benedictino... Los apellidos de San Juan de la Peña son tantos que bien merece un viaje mágico para descubrir su arte y su historia enmarcadas por el entorno natural que aún susurra ecos del pasado. El románico prevalece en un paraje protegido en el que el monasterio viejo dio paso al nuevo, edificado en el siglo XVII en la explanada anexa.

 

LEYENDA DE SAN JUAN DE LA PEÑA

Cuenta que a principios del siglo VIII, un noble joven de Zaragoza llamado Voto persiguiendo un ciervo cayó con su caballo por el acantilado de la sierra de la Peña.

Habiéndose encomendado en su caída a San Juan, se posó el caballo con suavidad en una roca donde dejó sus cascos marcados.

A partir de ese lugar siguió una senda que le condujo a la cueva en la que yacía el cuerpo del eremita Juan de Atarés. Su cabeza reposaba en una piedra en la que había la siguiente inscripción:

“Ego Ioannes. Primus. In hoc loco, heremita, qui ab amorem Dei, hac ecclesiam fabricavi, in honorem sancti Ioannis Baptiste. Hic, requiesco, Amen”.

Fuente: www.romanicoaragones.com

 

HISTORIA DE SAN JUAN DE LA PEÑA

El monasterio de San Juan de la Peña fue edificado en la cara norte de la sierra que le dio nombre.

Considerado como corazón y cuna del reino aragonés, en él se sentaron las bases de lo que iba ser Aragón. Fundado por el conde aragonés Galindo Aznar a principios de siglo X, se conservan de esta época la sala de los concilios y de iglesia de estilo mozárabe dedicada a San Julián y Santa Basilisa. Se la conoce como la iglesia baja por encontrarse encima la iglesia románica o alta de edificación posterior.

La vida monacal se fue intensificando a lo largo del siglo X consolidándose el poder del cenobio con privilegios y de daciones de condes y Reyes.

En el siglo XI Sancho el Mayor introdujo en el monasterio la regla de San Benito. En este siglo el de mayor esplendor del monasterio convierte en uno de los principales centros religiosos y organización socio económica del reino. Sancho Ramírez en la 2ª mitad del siglo XI, refundo el monasterio como panteón real siendo este y el de San Pedro el viejo en Huesca los dos únicos que existen en Aragón.

En 1071 se introduce el rito romano y en 1094 se inaugura la iglesia alta de una sola nave y triple Apside construida bajo la roca que forma parte también de la cubierta. Esta iglesia de estilo románico albergo el santo grial hasta el siglo XIV cuando Martín el humano lo mandó llevar a la catedral de Valencia.

En el siglo XII que comienza la construcción del claustro espacio más destacado del conjunto y realizado en dos fases constructivas distintas. Presenta una serie de capiteles historiados atribuidos al anónimo maestro de San Juan de la peña o maestro de Agüero.

Posteriormente en pleno siglo XIII un segundo taller de escultores realizó otra serie de capiteles de temática totalmente distinta, pero para estas fechas el monasterio ya ha comenzado su declive económico y político, pues la reconquista Al dirigirse al sur y al Mediterráneo aleja a los reyes y a la corte a monasterios más meridionales.

El olvido, largos pleitos judiciales y diversos incendios Van a suponer el progresivo abandono del monasterio al que aún se añadirán varias estancias, Como la capilla de San victorian en el siglo XV, La de los santos voto y Félix del XVII O el actual pantenol re al del siglo XVIII de estilo neoclásico construcción se modificó mutilo la necrópolis medieval situada detrás del muro actual en contacto directo con la peña.

El abandono definitivo del monasterio tiene lugar en 1682 cuando la comunidad benedictina que lo habitaba se traslada Al recién fundado en la explanada superior de San Indalecio dejando sólo dos monjes en el monasterio viejo para su cuidado.

Fuente: Diputación Provincial de Huesca